Martín Fierro
El Libro se divide en dos partes, una Primera Edición "El Gaucho Martín Fierro", la cual José Hernández comienza a escribir en el año 1872, y una Segunda Edición, "La Vuelta de Martín Fierro" que la comienza en 1879.
Biografía de José Hernández
José Hernández era hijo de Rafael Hernández e Isabel Pueyrredón – sobrina de Juan Martín de Pueyrredón. Pasó sus primeros años de vida en este lugar, que debe abandonar en 1840, ya que su familia debió trasladarse al interior de la provincia, por razones laborales.
Demostró ambición por el estudio en la instrucción primaria, pero debió abandonar por causas de una enfermedad repentina y se marchó al campo en busca de salud. Desde entonces todo lo aprendió por esfuerzo personal: observador entusiasta de los rudos trabajos de ganadería que dirigía el padre y desempeñaban los gauchos, también él participó de estas tareas. Siendo joven entró en contacto con el estilo de vida, la lengua y los códigos de honor de los gauchos.
Fue un autodidacto y, a través de sus numerosas lecturas, adquirió firmes ideas políticas. Entre 1852 y 1872, época de gran agitación política, defendió la postura de que las provincias no debían permanecer ligadas a las autoridades centrales establecidas en Buenos Aires.
Participó en una de las últimas rebeliones federales, la de Ricardo López Jordán, un importante movimiento cuya primera rebelión finalizó en 1871 con la derrota de los gauchos y el exilio de Hernández en el Brasil. Después de esta revolución, siguió siendo por corto tiempo asesor del general revolucionario, pero con el tiempo se distanció de él.
A su regreso a la Argentina, en 1872, continuó su lucha por medio del periodismo. También desempeñó los cargos de Diputado y Senador de la provincia de Buenos Aires. Ocupando este último cargo, defendió la federalización de Buenos Aires en un memorable discurso, enfrentándose a Leandro N. Alem.
Pero fue, sin embargo, a través de su poesía como consiguió un gran eco para sus propuestas, y la más valiosa contribución a la causa de los gauchos.
El gaucho Martín Fierro
Martín Fierro es un poema narrativo de José Hernández, obra literaria considerada ejemplar del género gauchesco en Argentina. Se publicó en 1872 con el título El Gaucho Martín Fierro.
Narra el carácter independiente, heroico y sacrificado del gaucho. El poema es, en parte, una protesta en contra de las tendencias europeas y modernas del presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento.
Consta de trece capítulos: I Cantor y Gaucho, II Ayer y Hoy, III Sirviendo en la frontera, IV El pulpero. A buena cuenta., V Gringos en la frontera. La estaquiada., VI Desertor. Las ruinas del rancho., VII Pelea con el moreno., VIII El ser gaucho es un delito., IX Matreriando. La lucha con la partida., X Por culpa de una mujer., XI A bailar un pericón., XII Ansí estuve en la partida., y XIII A los indios me refalo.
Leopoldo Lugones, en su obra literaria El payador calificó a este poema como "el libro nacional de los argentinos" y reconoció al gaucho su calidad de genuino representante del país, emblema de la argentinidad. Para Ricardo Rojas representaba el clásico argentino por antonomasia. El gaucho dejaba de ser un hombre "fuera de la ley" para convertirse en héroe nacional. Leopoldo Marechal, en un ensayo titulado Simbolismos del "Martín Fierro" le buscó una clave alegórica. José María Rosa vio en el "Martín Fierro" una interpretación de la historia argentina.
Este libro ha aparecido literalmente en cientos de ediciones y fue traducido a más de 70 idiomas.
En El Gaucho Martín Fierro, el protagonista es un gaucho reclutado para servir en un fortín, defendiendo la frontera argentina contra los indígenas. Su vida de pobreza en las pampas es – algo muy frecuente en la literatura de la época – romantizada; sus experiencias militares no lo son. Después Fierro se convierte en un fugitivo perseguido por la policía. Estando en batalla contra ellos, consigue un compañero: el Sargento Cruz, que inspirado por la valentía de Fierro se une a él en medio de una batalla. Ambos se ponen en camino para vivir entre los indios, esperando encontrar allí una vida mejor. Así, concluyendo en que es mejor vivir con los salvajes que en lo que la 'civilización' les preparaba.
Aún se especula si existió efectivamente un gaucho llamado Martín Fierro en el pago y hacia el tiempo en que Hernández sitúa su poema-novela, algunos aducen que efectivamente por la zona del Tuyú e incluso de la entonces llamada Lobería Grande (actual ciudad de Mar del Plata) lugar en donde los Hernández llegaron a poseer una estancia y donde el autor pasó gran parte de su niñez y juventud, vivió un gaucho "matrero" (rebelde) con ese nombre y ese apellido (bastante comunes); la mayoría de los críticos literarios y gran parte de los historiadores sin embargo suponen al personaje del poema como un sujeto ideal y paradigmático de los gauchos hasta los años 1880, téngase en cuenta que el gaucho Don Segundo Sombra existió realmente más allá de su literaturización; en todo caso en la Costa Atlántica bonaerense, entre los cardales, dunas y, sobre todo, los densos bosquecillos de curru mamil que se encontraban en torno a la que luego sería Mar del Plata; está documentado, sobre todo tras la batalla de Caseros y en tiempos de la Guerra de la Triple Alianza, se refugiaban muchos gauchos tenidos por "vagos" (sin papeleta de "conchabo") y "malentretenidos".
La Vuelta de Martín Fierro
La vuelta de Martín Fierro es un libro gauchesco argentino, escrito en verso por José Hernández en 1879. Constituye la secuela de El Gaucho Martín Fierro, escrito en 1872. Ambos libros han sido considerados como libro nacional de la Argentina, bajo el título genérico de "el Martín Fierro". En "la vuelta", Martín Fierro, quien se había mostrado rebelde en la primera parte y convertido en gaucho matrero (fuera de la ley), aparece más reflexivo y moderado, a la vez que el libro se vuelca a la historia de sus hijos.
En tanto que la primera parte, El Gaucho Martín Fierro, había terminado con Fierro y su compañero Cruz, huyendo al desierto para vivir con los indios, la vuelta, comienza con el relato de ellos dos viviendo en las tolderías mapuches. Allí Cruz muere de viruela y Martín Fierro conoce a la "Cautiva", una mujer criolla que había sido tomada por los mapuches. Finalmente Martín Fierro se enfrenta con uno de los indios que lo hospedaba, matándolo y regresando a la Argentina con la Cautiva, a quien deja en una estancia para seguir solo su camino. En una pulpería encontrará a sus hijos, al hijo de Cruz y al hermano menor del gaucho negro que asesinara en la primera parte, con quien mantendrá una famosa payada.
Entre los momentos más destacados y conocidos de "la vuelta" se encuentran, además de la payada con el negro, los famosos consejos del Viejo Vizcacha. También aquí se encuentran, probablemente la estrofa más conocida de ambos libros:
Los hermanos sean unidos
porque ésa es la ley primera,
tengan unión verdadera,
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera.
Los numerosos análisis del Martín Fierro han destacado, tanto las diferencias psicológicas del personaje, como los cambios del propio José Hernández entre los siete años que van de la publicación de "la ida" y "la vuelta" de Martín Fierro.
En cuanto al personaje de Martín Fierro, en la primera parte, luego de haber sido reclutado por la fuerza, aquel rompió completamente con la "civilización", asesinando a un gaucho negro, enfrentándose con la policía y finalmente excluyéndose totalmente de la sociedad premoderna de la Argentina de entonces, para irse a vivir con los indios mapuche en la pampa. En la segunda parte, en cambio Martín Fierro parece revalorizar una sociedad en transformación (en ese momento el país iniciaba su modernización capitalista y el ingreso de millones de inmigrantes provenientes mayoritariamente de Italia), haber superado su rebeldía rupturista y orientarse más hacia el futuro de sus hijos.
El gaucho Martín Fierro
Canto 2
Ninguno me hable de penas
porque yo penando vivo-
y naides se muestre altivo
aunque en el estribo esté,
que suele quedarse a pie
el gaucho más alvertido.
Junta esperencia en la vida
hasta pa dar y prestar,
quien la tiene que pasar
entre sufrimiento y llanto;
porque nada enseña tanto
como el sufrir y el llorar.
Viene el hombre ciego al mundo
cuartiándolo la esperanza,
y a poco andar ya lo alcanzan
las desgracias á empujones;
la pucha que trae liciones
el tiempo con sus mudanzas!
Yo he conocido esta tierra
en que el paisano vivía
y su ranchito tenía
y sus hijos y mujer...
Era una delicia el ver
cómo pasaba sus días.
Entonces... cuando el lucero
brillaba en el cielo santo,
y los gallos con su canto
nos decian que el dia llegaba,
a la cocina rumbiaba
el gaucho... que era un encanto.
Y sentao junto al jogón
a esperar que venga el día,
al cimarron le prendía
hasta ponerse rechoncho,
mientras su china dormía
tapadita con su poncho.
Y apenas la madrugada
empezaba a coloriar,
los pájaros á cantar,
y las gallinas á apiarse,
era cosa de largarse
sada cual á trabajar.
Este se ata las espuelas,
Se sale el otro cantando,
uno busca un pellón blando,
éste un lazo, otro un rebenque,
y los pingos relinchando
los llaman dende el palenque.
El que era pión domador
enderezaba al corral
ande estaba el animal
bufidos que se las pela...
Y más malo que su agüela
se hacia astillas el bagual.
Y allí el gaucho inteligente
en cuanto el potro enriendó,
los cueros le acomodó
y se le sentó en seguida,
que el hombre muestra en la vida
la astucia que Dios le dió.
Y en las playas corcoviando
pedazos se hacía el sotreta,
mientras él por las paletas
le jugaba las lloronas,
y al ruido de las caronas
sala haciéndose gambetas.
Ah tiempos!... si era un orgullo
ver jinetear un paisano-
Cuando era gaucho vaquiano
aunque el potro se boliase
no había uno que no parese
con el cabresto en la mano.
Y mientras domaban unos,
otros al campo salian,
y la hacienda recogían,
las manadas repuntaban,
y ansí sin sentir pasaban
entretenidos el dia.
Y verlos al cair la noche
en la cocina riunidos
con el juego bien prendido
y mil cosas que contar,
platicar muy divertidos
hasta después de cenar.
Y con el buche bien lleno
era cosa superior
irse en brazos del amor
A dormir como la gente,
pa empezar al día siguiente
las fainas del día anterior.
Ricuerdo!... ¡Qué maravilla!!
Como andaba la gauchada
siempre alegre y bien montada
y dispuesta pa el trabajo...
Pero hoy en el día... barajo!
No se le ve dé aporriada.
El gaucho más infeliz
tenía tropilla de un pelo,
no le faltaba un consuelo
y andaba la gente lista...
Tendiendo al campo la vista
no via sino hacienda y cielo.
Cuando llegaban las yerras,
¡Cosa que daba calor!
Tanto gaucho pialador
y tironiador sin yel-
Ah tiempos!... pero si en él
se ha visto tanto primor.
Aquello no era trabajo,
más bien era una junción,
y después de un güen tirón
en que uno se daba maña
pa darle un trago de caña
solía llamarlo el patrón.
Pues siempre la mamajuana
vivía bajo la carreta
y aquel que no era chancleta
en cuanto el goyete vía,
sin miedo se le prendía
como güérfano a la teta.
Y qué jugadas se armaban
cuando estábamos riunidos!
Siempre íbamos prevenidos,
pues en tales ocasiones,
a ayudarles a los piones
caiban muchos comedidos.
Eran los días del apuro
y alboroto pa el hembraje,
pa preparar los potajes
y osequiar bien a la gente,
y ansí, pues, muy grandemente,
pasaba siempre el gauchaje.
Venía la carne con cuero,
la sabrosa carbonada,
mazamorra bien pisada
los pasteles y el güen vino...
Pero ha querido el destino
que todo aquello acabara.
Estaba el gaucho en su pago
con toda siguridá.
Pero aura... barbarida!
La cosa anda tan fruncida
que gasta el pobre la vida
en juir de la autoridá.
Pues si usté pisa en su rancho
y si el alcalde lo sabe
lo caza lo mesmo que ave,
aunque su mujer aborte...
No hay tiempo que no se acabe
ni tiento que no se corte.
Y al punto dése por muerto
si el alcalde lo bolea,
pues ay nomás se le apea
con una felpa de palos,-
y después dicen que es malo
el gaucho si los pelea.
Y el lomo le hinchan a golpes,
y le rompen la cabeza,
y luego con ligereza
ansí lastimao y todo,
lo amarran codo con codo
y pa el cepo lo enderiezan.
Ay comienzan sus desgracias,
ay principia el pericón;
porque ya no hay salvación,
y que usté quiera o no quiera
lo mandan a la frontera
o lo echan a un batallón.
Ansí empezaron mis males
lo mesmo que los de tantos
si gustan... en otros cantos
les diré lo que he sufrido-
Después que uno está perdido
no lo salvan ni los santos.
El gaucho Martín Fierro
Canto 7
De carta de mas me via
Sin saber adonde dirme,
Mas dijeron que era vago
Y entraron á perseguirme.
Nunca se achican los males
Van poco á poco creciendo
Y ansina me vide pronto
Obligao á andar juyendo.
No tenia mujer, ni rancho,
Y á mas, era resertor,
No tenia una prenda güena
Ni un peso en el tirador.
A mis hijos infelices
Pensé volverlos á hallar-
Y andaba de un lao al otro
Sin tener ni que pitar.
Supe una vez por desgracia
Que habia un baile por alli-
Y medio desesperao
A ver la milonga fui.
Riunidos al pericon,
Tantos amigos hallé
Que alegre de verme entre ellos
Esa noche me apedé.
Como nunca, en la ocasion
Por peliar me dió la tranca
Y la emprendi con un negro
Que trujo una negra en ancas.
Al ver llegar la morena
Que no hacia caso de naides,
Le dije con la mamúa
"Va...ca...yendo gente al baile"
La negra entendió la cosa
Y no tardó en contestarme-
Mirandome como á perro-
"mas vaca será su madre"
Y dentró al baile muy tiesa
Con mas cola que una zorra
Haciendo blanquiar los dientes
Lo mesmo que mazamorra.
"Negra linda"... dije yo-
"Me gusta pa la carona"-
Y me puse á talariar
Esta coplita fregona:
"A los blancos hizo Dios
"A los mulatos San Pedro
"A los negros hizo el diablo
"Para tizon del infierno"
Habia estao juntando rabia
El moreno dende ajuera-
En lo escuro le brillaban
Los ojos como linterna.
Lo conoci retobao,
Me acerqué y le dije presto:
"Po... r... rudo que un hombre sea
"Nunca se enoja por esto"
Corcobió el de los tamangos
Y creyendose muy fijo-
"mas porrudo serás voz,
"Gaucho rotoso" me dijo.
Y ya se me vino al humo
Como á buscarme la hebra-
Y un golpe le acomodé
Con el porron de giñebra.
Ay no mas pegó el de ollin
mas gruñidos que un chanchito,
Y pelando el envenao
Me atropello dando gritos.
Pegué un brinco y abrí cancha
Diciendoles "Caballeros
"Dejen venir á ese toro
"Solo naci... solo muero"
El negro despues del golpe
Se habia el poncho refalao
Y dijo "Vas á saber
"Si es solo ó acompañao"
Y mientras se arremangó
Yo me saqué las espuelas,
Pues malicié que aquel tio
No era de arriar con las riendas.
No hay cosa como el peligro
Pa refrescar un mamao,
Hasta la vista se aclara
Por mucho que aiga chupao.
El negro me atropelló
Como á quererme comer-
Me hizo dos tiros seguidos
Y los dos le abarajé.
Yo tenia un fancon con S
Que era de lima de acero
Le hize un tiro, lo quito
Y vino ciego el moreno.
Y en el medio de las aspas
Un planaso le asenté
Que lo largué culebriando
Lo mesmo que buscapie.
Le coloriaron las motas
Con la sangre de la herida
Y volvio á venir furioso
Como una tigra parida.
Y ya me hizo relumbrar
Por los ojos el cuchillo-
Alcansando con la punta
A cortarme en un carrillo.
Me hirbió la sangre en las venas
Y me le afirmé al moreno
Dandole de punta y hacha
Pa dejar un diablo menos.
Por fin en una topada
En el cuchillo lo alcé
Y como un saco de güesos
Contra el cerco lo largué.
Tiró unas cuantas patadas
Y ya cantó pal carnero-
Nunca me puedo olvidar
De la agonia de aquel negro.
En esto la negra vino,
Con los ojos como agi-
Y empezó la pobre alli
A bramar como una loba-
Yo quise darle una soba
A ver si la hacia callar
Mas, pude reflesionar
Que era malo en aquel punto,
Y por respeto al dijunto
No la quise castigar.
Limpié el facon en los pastos,
Desaté mi redomon,
Monte despacio, y salí
Al tranco pa el cañadon.
Despues supe que al finao
Ni siquiera lo velaron
Y retobao en un cuero
Sin resarle lo enterraron.
Y dicen que dende entonces
Cuando es la noche serena
Suele verse una luz mala
Como de alma que anda en pena.
Yo tengo intencion á veces,
Para que no pene tanto,
De sacar de alli los güesos
Y echarlos al campo santo.